Publicado: 20 de Marzo de 2015

 Hoy os propongo un reto, otra perspectiva del enfado infantil, el enfado como comunicación valiosa.

  Tan solo una emoción más pero una emoción capaz de sacarnos de nuestras casillas en numerosas ocasiones. Y sin embargo podemos aprender a verla no solo necesaria, también como una oportunidad de crecimiento personal para el niño… y para el adulto.

  Si os asalta de inmediato la idea de que las palabras son fáciles pero no tanto los actos, me adelanto y os doy toda la razón, la teoría suena a música celestial pero cambiar hábitos implica ganas y arrojo. A ver si logro motivaros, pensad que si no lo intentáis nunca sabréis si funciona.

¿Los niños pueden y deben enfadarse? La comprensión.

  Parece una obviedad, no obstante ¿cuántas veces se nos olvida? Los niños tienen derecho a enfadarse. Si no lo hicieran también nos quejaríamos y con toda la razón porque saltarían las señales de alarma ¿este chico no percibe sus realidades, le son indiferentes? ¿No siente ni frío ni calor cuando no obtiene lo que desea, cuando las cosas le van mal? Llegar a esta conclusión puede que no ayude mucho ¿o tal vez sí? Aceptar el enfado es provechoso, no te sentirás tan predispuesto a reprimirlo si piensas que es un impulso inconsciente, no voluntario, importante para el organismo, porque nos prepara ante la frustración y la amenaza, facilita las reacciones de defensa o ataque y sirve para inhibir las reacciones indeseables de otras personas. Enfadarse ayuda a sobrevivir ¿Lo habías visto alguna vez desde esta perspectiva? No te resistas, asúmelo, es útil y necesario.Seguir leyendo

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