Publicado: 11 de Marzo de 2016

La muerte es un tema tabú en la sociedad de hoy en día. La evitación del dolor y de todo lo relativo a la muerte, lleva a las personas a no abordar este tema con la profundidad necesaria. Así, cuando se produce la pérdida de un ser querido, los adultos se encuentran ante una situación novedosa y sin las estrategias de afrontamiento adecuadas. Con la intención de evitar sufrimiento innecesario y causar el menor impacto posible, en ocasiones se actúa de forma intuitiva o en base a pautas que lejos están de las recomendaciones de las guías y trabajos existentes.

En líneas generales, las tres diferencias entre el duelo adulto y el de los niños en la primera infancia son que los niños utilizan más la negación, mantienen con mayor facilidad la capacidad de disfrutar con situaciones agradables y no pierden la autoestima (Ordoñez y Lacasta, 2004). Es frecuente que los niños pequeños muestren sintomatología somática (alteraciones del sueño y/o alimentación, enuresis, encopresis y dolores abdominales) o regresión a etapas anteriores del desarrollo. También son habituales los problemas de conducta, dificultad para concentrarse o atender a tareas escolares, manifestaciones de hiperprotección hacia seres queridos, hiperactividad o apatía, confusión, etc. Entre las reacciones emocionales más usuales se encuentran la irritabilidad, el rechazo, la tendencia al aislamiento, la tristeza, la ansiedad, y el incremento en los miedos en general (Ordoñez y Lacasta, 2004; Biank y Werner-Lin, 2011).Seguir leyendo

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